Sunday, February 3, 2013

Reflexiones sobre la edad y otras maldiciones

He aquí una niña de 17 años, próxima a cumplir 18, consternada y horrorizada de la maldición que llamamos "edad". Ese número que hace ser juzgados. Casarte a los 40 o a los 16, ¿qué más da? La verdad, mis queridos lectores, es que la edad es una mentira. Es una excusa inventada por los hombres para crear restricciones legales, sociales, etc.

Ahora que estoy próxima a cumplir los 18 se me viene el mundo encima. Mis sticky notes han disminuido significativamente debido a las numerosas tareas que me traen esos queridos 18. Mientras el resto del mundo piensa en que por fin pueden comprar alcohol, o pueden manejar libremente, o pueden comprarse cigarrillos sin ser cuestionados, yo debo ocuparme de cuentas de banco, cambios de pasaporte y visas, solicitudes de residencias, prácticas y especies de pasantes que debo hacer para que mi hoja de vida se vea al menos presentable. A partir del 10 de Febrero entraré al cruel e infatigable mundo, un mundo sin perdón, sin segundas opciones. Me adentro a la selva de cemento, a pelear por un puesto en la Universidad, por una residencia, entro a pagar servicios, tomar cuentas de una casa. Las consecuencias caen ahora sobre mí y ya no habrá papi ni mami.

Es escalofriante, a decir verdad. Y es ahí donde interiorizo el significado de la vida desde un punto de vista muy Hobbiano. Nuestros padres nos traen al mundo, nos educan y luego nos lanzan al vacío, a que nos salvemos por nosotros mismos, desempeñando trabajos que no nos apasionan, pero nos proporciona el dinero suficiente como para repetir el ciclo, y si realmente hacemos lo que nos gusta, aquello no nos dará una vida "buena". Entonces me pregunto, ¿vale la pena traer una persona a semejante mundo tan cruel, tan oscuro, tan corrupto, tan falto de valores? ¿Hacia un capitalismo sin estribos, haciéndote una máquina de trabajo para satisfacer a la clase rica? ¿A un mundo arrasado por la industrializacion (más especificamente, por la avaricia), medio muerto, con aire y agua altamente contaminados, con productos al noventa porciento de cáncer? ¿En estos momentos es un 'no' rotundo.

Hay que admitir que Hobbes era algo pesimista, aunque no hay que ignorar la cruel realidad de su punto de vista. Sin embargo, podemos hacer de la vida algo hermoso. Trabajar para vivir, no vivir para trabajar, aunque sea una ardua tarea en estos tiempos del capitalismo.

Volviendo al tema, el 11 de Febrero será un día ocupado, estresante, lleno de papeles, firmas, oficinas y humo. Ya seré una adulta. Tengo tareas y responsabilidades, y por consiguiente, angustias (muy Sartriano). Y estas angustias me persiguen, no me dejan dormir, me hacen morderme los labios, comerme las uñas y apretar los dientes. No es ningún cambio aparente: despertaré como cualquier otro día, pero sobre mis hombros caerá el peso del mundo, y un pedazo de mi alma morirá. De eso estoy segura.

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