A veces pienso que estoy realmente enferma de la cabeza. Uno de mis grandes problemas es que mi cabeza no deja de hablar, y siempre tengo que estar pensando en algo o hablándome a mí misma para no caer en un estado de silencio mental, el cual odio. La verdad, es que necesito estrés para poder funcionar bien. Muchas personas darían lo que fuera por no tener que estar tan estresados sobre su trabajo, su vida personal, sus carreras, estudios, finanzas, etc., etc. Pero en mí caso, yo necesito saber que para cierto período de tiempo debo haber hecho tales cosas para poder encontrar estabilidad en mi vida. Planeo mis días y mis semanas de acuerdo a las cosas que tengo que hacer y si no tengo que hacer nada, no sé qué hacer con mi tiempo libre. Obviamente lo puedo emplear en algunas de las cosas que más me gustan: dormir, ver películas, leer o cocinar. Pero al final de eso siento que he perdido una cantidad de tiempo que pude haber empleado para otras cosas, o me doy cuento que estuve haciendo excusas a mis amigos para perder el tiempo conmigo misma, en algo que no me va a aportar nada para mi futuro. Teóricamente debería emplear mi tiempo para estudiar e investigar, pero de veras, ¿quién quiere hacer eso si se puede dormir?
Ahora, a veces pienso que tengo un desorden de personalidad múltiple. Por un lado soy una misántropa, andrógina con tendencia a la distopía y a la demencia, y por otra soy una hija de la tierra que todavía cree en la bondad de las personas y ve un futuro con esperanzas. Eso hace que mi interacción con las otras personas sea muy variada, y que a veces pase de ser una persona a ser otra completamente diferente.
Mi inestabilidad mental esta empezando a mostrarse físicamente. He estado durmiendo de 5 a 6 horas desde el caso Christian, y muchas veces me quedo sentada pensando, viendo su botella (es una botella de Coca Cola con su nombre, qué infantil de mí, lo sé) y pensando en qué debería hacer sobre él (les prometo que será el tema de la próxima entrada), o me quedo pensando en todas las cosas que debo hacer y las que quiero hacer, y dejo de dormir por que mi mente no para de hablar. Y ya empecé a sentir las consecuencias de eso: tengo ojeras debajo de los ojos más profundas que la trinchera de Mariana, tengo dolor de espalda que está a punto de sacarme lágrimas, estoy físicamente agotada, y estoy perdiendo la concentración en clase. No se cuándo parar, no sé cómo callar mi mente. No se cómo ser más estable.
¿Cuáles son mis límites?
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